La mitología latina y el arte

Los romanos no solo adoptaron el arte y la
literatura griega, sino que también adoptaron sus dioses y sus mitos. Por ello,
la mitología de la
Antigüedad clásica se ha transmitido como una unidad bajo el
nombre de mitología clásica o grecolatina. En esta fusión, los latinos no
funcionan tanto como aportantes de dioses y mitos, sino como los que recogen,
articulan y sistematizan todo el rico mundo mítico heredado de Grecia. En este
sentido, la importancia de Ovidio y las Metamorfosis es esencial. Ovidio
dota al mito de una dimensión plenamente humanizada, y lo hace a través de una
honda sensibilidad y de una poderosa imaginación visual, características ambas
que han posibilitado la influencia de la mitología clásica en las artes
plásticas. Son innumerables las obras de arte -pictóricas, escultóricas,
literarias e incluso musicales- que a lo largo de la tradición occidental han
partido de temas y motivos mitológicos; y si bien es cierto que hay períodos de
la historia del arte que son más proclives a la recreación de mitos clásicos,
la mitología grecolatina fecunda todos los períodos artísticos.

La mitología latina
Los antiguos latinos y
romanos tenían un profundo respeto por sus dioses, daban un dios a cada cosa
para
darle su propio significado
y los veneraban en vida, se representaban con los fenómenos de la naturaleza
algo
muy influyente en la
antigua Grecia, todo lo malo o bueno que les ocurría en sus cosechas o en su
vida se lo
atribuían a los dioses,
como un castigo o un agradecimiento, entre estos destacan los siguientes:
Júpiter :
En la mitología romana,
asimilado a Zeus, hijo de Saturno y de Rea, esposo de Hera. En sus orígenes,
divinidad homóloga de la
etrusca Tinia, personificaba los fenómenos celestes y la agricultura. Recibió
numerosos epítetos, que
señalaban sus atributos: Iupiter Elicius, hacedor de la lluvia que fecunda la
tierra;
Iupiter Tonans, dios del
trueno; Iupiter Stator, que impedía el triunfo de los ejércitos enemigos;
Iupiter
Feretrius, dios de los trofeos;
Iupiter Optimus Maximus , dios de la guerra, protector del derecho y de la
verdad de los latinos y de
Roma. El Capitolio le estaba especialmente consagrado y, en las ciudades del
imperio, su templo (o el de
la tríada por él encabezada: Júpiter, Juno y Minerva) solía ser el primero en
erigirse, para simbolizar
el vínculo político con la metrópoli. La supremacía de Júpiter se ponía de
manifiesto
en el rango supremo
atribuido a su sacerdote, el Flamen Dialis. Durante el imperio, los emperadores
solían
acogerse a su protección a
su protección e, incluso, Augusto, pretendían ser encarnaciones suyas.
Hera:
En la mitología griega,
divinidad del matrimonio, símbolo de la grandeza y de la soberanía maternales.
Hija
de Cronos y de Rea, se casó
con su hermano Zeus y esta unión fue un arquetipo de los matrimonios humanos.
Madre de Ares, de Hefesto,
de Hebe y de varias deidades más. De carácter vengativo y celoso, persiguió a
las
amantes de Zeus y a sus
hijos. Era también una divinidad de la tierra fecundada. Se la representaba
como una
matrona severa y
majestuosa, aunque joven. En Roma se la identificó con Juno.
Juno. En la mitología
romana, diosa asimilada a Hera, hija de Saturno y de Rea, esposa de Júpiter. En
sus
orígenes, divinidad
homóloga de la etrusca Uni, personificaba el ciclo lunar. Forma parte de la
tríada venerada
primero en el Quirinal y
luego en el capitolio, junto con Júpiter y Minerva (Juno Regina). Poseía
diversas
atribuciones, pero
fundamentalmente era protectora de las mujeres (sobre todo de las casadas), de
Caprotina,
diosa de la fecundidad;
Juno Pronuba, diosa del matrimonio; Juno Moneta, diosa de los buenos consejos;
Juno
Sospita, la compasiva Juno
Caelestis, la Astarté
de Cartago.
Minerva:
Antigua diosa, asimilada a la Atenea griega. Su culto fue
introducido en Roma por los etruscos. Formaba parte
de la tríada capitolina,
junto con Júpiter y Juno. Fue de la deidad protectora de la ciudad de Roma y,
en
especial, diosa de los
artesanos y del trabajo industrial.
Venus:
En la mitología romana,
divinidad del amor y de la belleza, asimilada desde el s. II a J.C. a la Afrodita griega,
cuya personalidad y
leyendas tomó. En la tradición itálica, antes de ser identificada con la deidad
griega, fue
una diosa protectora de la
naturaleza floreciente, de los huerto, de los marinos y del encanto femenino.
En la
época helenística, solía
aparecer acompañada de un niño, Eros, que pasó a ser Cupido, su hijo, en la
mitología
romana. Gozó de un especial
culto de Ardea, y tuvo en Roma dos templos (en el bosque sagrado de Libitina y
en las inmediaciones del
circo Máximo). Esta última ciudad quedó especialmente vinculada a Venus a
partir
de César, quien la
consideró protectora del estado y antepasada de la gens Julia.
(esto
es una noticia)
Roma
pone en marcha un proyecto para salvar el centro arqueológico de la ciudad
desde el Coliseo hasta la
Appia Antigua
Podría ser la
noticia arqueológica del siglo. Se trata de reestructurar la que está
considerada como zona arqueológica, más importante del mundo. Va desde el
Coliseo hasta la Appia
Antigua. Los trabajos van a empezar el 1 de marzo próximo. El
proyecto abarca seis fases, con un total de diecisiete años de trabajo. El
punto final se pondrá en el año 2000.Como ha declarado el alcalde de Roma, Ugo
Veterel desde ese momento Roma será otra. Porque no se trata sólo de una
operación artístico-cultural, sino también político-social, ya que se intenta
designar esa inmensa zona arqueológica para uso ciudadano. No será, pues, un
museo cerrado, sólo para visitar. Será más bien una parte viva de la ciudad, un
gran parque para chicos y grandes. Gratis. Los museos, con todas las obras de
arte ya existentes, más las que saldrán a la luz ahora durante las excavaciones
que van a realizarse, estarán allí, en la misma zona arqueológica, para que la
gente de Roma y de fuera no tenga que trasladarse fuera para visitarlos. Se los
encontrarán allí, a sus pies, mientras pasean o van al trabajo o a hacer la
compra.
Una de las cosas
más espectaculares de este gigantesco proyecto es,la demolición de la gran
avenida actual de los Foros Imperiales, que va desde el Coliseo hasta la Plaza de Venecia. Se trata
de una obra de los tiempos de Mussolini, que dividió en dos la gran área de los
Foros para regalarle a los coches esa horrible pista de cemento que vio
sepultada una parte preciosa de la gran riqueza de aquel museo viviente de
arqueología.
Aunque hoy no se
dice, para no crear demasiadas polémicas ni herir susceptibilidades, en el
proyecto figura también la idea de demoler el gran monumento a la Patria de la Plaza de Venecia, que los
turistas poco enterados del arte romano fotografían como una joya, mientras los
romanos que poseen un mínimo de sensibildad artística la consideran como un
puño en el estómago que quita la visilidad al Campidoglio, una de las mayores
joyas del arte arquitectónico romano. Se le llama de hecho, despreciativamente,
a este monumento musoliniano la tarta. Un parche de dudoso gusto
artístico en el inmenso museo romano.
Arqueología
como espectáculo
En la parte más
delicada y fascinante de estos trabajos, es decir, las excavaciones, que no es
sabe qué sorpresas podrán revelar, van a poder participar todos los ciudadanos.
Se harán, en efecto, a los ojos del público. A esta operación se le ha llamado arqueología
como espectáculo. Se construirán para ello una especie de grandes pasarelas
sobre los foros, desde donde la gente podrá seguir todas las fases del trabajo
de restauración y de excavaciones. Y en dichas pasarelas existirá toda una
serie de material mural, que irá explicando todas las fases de la operación y
servirá también para hacer exposiciones de arte, de pintura, de escultura y
fotografía.
Uno de los
motivos de esta operación a la vista de todos, han informado los concejales del
Ayuntamiento, es que todos puedan ver con sus propios ojos "las
barbaridades que se hicieron hace cincuenta años", enterrando pedazos
maravillosos de historia como si se tratara de chatarra vieja.
Algunas de las
posibilidades para la utilización ciudadana de parte de los foros se
presentarán a concursos internacionales para poder recibir, de este modo, ideas
y proyectos de los mayores arqueólogos, arquitectos y artistas del mundo.
Toda esta enorme
área arqueológica no acabará como un gueto artístico-cultural vallado dentro de
la ciudad de Roma. Deberá ser, al revés, una especie de cremallera entre la
ciudad moderna y el corazón histórico de la vieja Roma, que también se va a
cerrar prácticamente al tráfico de coches. ,
Se intenta, al
revés, romper con el tabú de las dos Romas separadas, la nueva, viva, activa,
funciona¡; y la antigua, paralizada, inútil y cerrada con llave. La zona deberá
ser más bien una parte esencial de la vida ciudadana. Será casi como volver a
los tiempos gloriosos de la Roma
antigua, que en los foros tenía el corazón de la vida pública de la ciudad.
Será esta zona
el gran escenario público de Roma para todas sus manifestaciones ciudadanas,
tanto de grupo como de masa, tantoculturales como efímeras, es decir, de
diversión popular, de encuentros, de fiesta ciudadana. Y como una gran exposición
permanente de todas las artes, pero con sus cafés, con sus parques para los
niños, con todo lo que hace agradable a un ciudadano pararse en un lugar que el
mundo entero envidia.
La primera fase
de la operación que empezará el primero de marzo durará cinco años. Consistirá
en la reestructuración de los Mercados de Trajano, las excavaciones en los
jardines de calle Alessandrina, la creación de un nuevo taller de obra en los
Foros de Nerva y la construcción de calles nuevas que unan la zona arqueológica
a la ciudad. Serán, en algunos casos, recuperados los antiguos itinerarios
históricos, como los de calle Carbonari y Ponella.
La segunda fase,
que durará quince años, prevé la destrucción de la actual avenida de los Foros
Imperiales y las consiguientes excavacimies para ampliar y reconquistar toda la
gran zona arqueológica de la Roma
histórica del tiempo de los emperadores